Ridiculum.

Por: Ramm Erzengel.

Caminando hacia el Templo del cuerpo,
me encontré con un peculiar sujeto,
Vestía con Casulla, portaba raros objetos,
y la expresión de su rostro parecía guardar algunos secretos.

Algunos le llaman cura, asisten con el a solicitar consulta,
dicen que esos devotos hombres curan,
el alma y los males inherentes que le abruman.

Algunos les llaman hipócritas,
dicen que sus palabras no median conciliación
entre los infortunios y los dictámenes de Dios…

Ignorando las voces aquellas,
de detractores y profetas
me acerque a solicitar consulta,
mi petición solo requería una poco cordura

Mi duda, “padre”, ¿por qué Dios mi alma tortura,
es que soy mal hijo o sólo de ello disfruta?
El sujeto me observo, de abajo a arriba miro y pronuncio
“Malum quidem nullum esse sine aliquo bono”

Después de ello sonrió, con su mano, peculiar gesto mostró,
enfrente de mi una cruz marco, y de nuevo pronuncio
“Faber est suae quisque fortunae”

Pronto su marcha marco distancia,
entre mi alma y el templo que idolatra,
empujo las grandes puertas del recinto y las cerro,
en ese momento me convertí en Detractor.

Discurso Esquizofrénico: De Dios, Sexo y Muerte.

Por: Ramm Erzengel.

El problema con tu prematura despedida es el rojo fuego que dejaste en la vela encendida…

Una vela que tardara cerca de 30 años en sosegarse y convertir su fuego en aquel azul pálido, tranquilo, apacible y controlable.


Mi alma se f
ractura en psicosis cuando te hago el amor sin que estés aquí, cuando el instrumento de toda pasión tuya yace en una caja de madera a unos metros bajo Tierra…

Mi pasión sufrió una metamorfosis, mi objeto de deseo es negro, sin ojos, con cuencas cóncavas, obscuras y frías…. Si vinieses vestida de muerte, hermosa, así mismo te follaría…


Mi alma se rompe en psicosis, cuando mi éter se esparce sobre mi vientre mientras recuerdo tus muslos cabalgando sobre mi pelvis y la estrecha entrada hacia tu amor que, usando tus delgados labios como medio, pronunciaba enunciados delirantes mientras salivabas… algunos segundos previos a la explosión de luz en tu interior yo también comenzaba a pronunciar enunciados delirantes, tu mirada prohibida y engañosa penetraba los adentros de mi esencia y de esa manera, encontrabas el amor que jamás te predique…


¿Quién sabe de hacer el amor a la muerte?, no lo sé, no he encontrado semejante conocimiento en ningún lugar… todos hablan de las virtudes del rojo fuego correspondido… de coger y follar a los vivos…. energía compartida, la exaltación del alma, la virtud del amor, el punto cumbre de dos almas ardiendo, cociéndose, viviendo…


Dicen los expertos, se trata pues, del acto que nos rejuvenece, que hace sacudir todos los sentidos y la quintaesencia de lo humano, es el acto que definido como pulsión lleva el apellido “vida”.


Y yo, que te hago el amor en “transplanos…” te puedo decir que ejecutar tal acto resulta todo lo contrario, hace que me avergüence de mis deseos incontrolados, siento el más profundo desperdicio de mi elixir regado entre suaves y aromáticas hojas blancas, siento deseos de detener mi respiración, nada se enaltece, nada fluye, todo queda a la orilla de la promesa, mis sentidos no se sacuden, se retuercen en frustración y el fuego cada vez se hace más rojo, rojo y obscuro…


Dios es un bastardo, definió la vida como un acto cruel, ¿estaba molesto el día de la creación…? o es que no conocía a la Mujer y sus promesas de amor… Estoy seguro de que esto ultimo no conoció, de el no se habla acerca de su amor hacia otro ser, solo hacía su creación, equivalente a idolatrar la propia mierda que el cuerpo expulsa…, poco escuchamos de Diosas a lo largo de nuestra vida, quizás sea el resultado cultural de una retorcida sociedad machista, o es que no existieron Diosas y por ende Dios resolvió su propia creación proyectando los vacíos de su interior.

Si Dios, hubiese amado a una Diosa en aquel momento de nuestra creación, muy diferente hubiera sido la resolución de mis conflictos, porque aún en tu despedida, hubiese podido acercar mi alma a la tuya y besarte, tocarte, sentirte, penetrarte… amarte.

¿Por qué me creó un ser tan cruel?