Ridiculum.

Por: Ramm Erzengel.

Caminando hacia el Templo del cuerpo,
me encontré con un peculiar sujeto,
Vestía con Casulla, portaba raros objetos,
y la expresión de su rostro parecía guardar algunos secretos.

Algunos le llaman cura, asisten con el a solicitar consulta,
dicen que esos devotos hombres curan,
el alma y los males inherentes que le abruman.

Algunos les llaman hipócritas,
dicen que sus palabras no median conciliación
entre los infortunios y los dictámenes de Dios…

Ignorando las voces aquellas,
de detractores y profetas
me acerque a solicitar consulta,
mi petición solo requería una poco cordura

Mi duda, “padre”, ¿por qué Dios mi alma tortura,
es que soy mal hijo o sólo de ello disfruta?
El sujeto me observo, de abajo a arriba miro y pronuncio
“Malum quidem nullum esse sine aliquo bono”

Después de ello sonrió, con su mano, peculiar gesto mostró,
enfrente de mi una cruz marco, y de nuevo pronuncio
“Faber est suae quisque fortunae”

Pronto su marcha marco distancia,
entre mi alma y el templo que idolatra,
empujo las grandes puertas del recinto y las cerro,
en ese momento me convertí en Detractor.

Discurso Esquizofrénico: La Maquina que Borra Recuerdos.

Por: Ramm Erzengel.

Meditando por la noche con mi amiga soledad, me cuestione sobre la inexistencia de una maquina que pudiese borrar recuerdos, memorias, pasajes y tiempo…

Supuse que la existencia sería más amena si pudiésemos suprimir de nuestra mente ciertos recuerdos añejos, tristes y dañinos…, ¿a quién en esta Tierra no le apetecería eliminar ciertas cosas desagradables ya vividas?; si existe alguien quien no desee este capricho tan surrealista es porque no ha vivido lo suficiente.

No lo digo yo, pensadores y filósofos manifiestan que la existencia es una maldita cosa tras otra, que la vida misma se puede resumir en sufrimiento, en una suerte de Tragedia donde a algunos les toca más y a otros menos, sin que el criterio de un piadoso “Dios” se manifieste.

Me cuestione también en ese momento si estaríamos lejos de ese descubrimiento, de la inducción a la amnesia selectiva, de la desconexión y eliminación de ciertos elementos orgánicos que almacenan nuestros recuerdos, y me cuestione, ¿en qué parte de nuestro organismo los almacenamos?, EN VERDAD ¿los recuerdos son solo conexiones neuronales a través de fluidos y electricidad?; Es verdaderamente asombroso lo que sucede con ese liquido y esa electricidad entonces, pues los recuerdos no solo son imágenes transitorias en nuestra mente, los recuerdos son verdaderos viajes en el tiempo, los más vividos nos telétransportan a la situación que estamos recordando y nos hace revivir sentimientos, sensaciones, percepciones y cuestiones tales como volver a percibir un aroma, volver a sentir un tacto, volver a escuchar una voz que no proviene de un estimulo externo presente. Son mágicos los recuerdos cuando son genuinamente alegres, la re-experimentación de la alegría y la felicidad nos puede producir suspiros, sonrisas o una sensación de bienestar, pero no me cuestione esa noche por aquellos recuerdos de naturaleza benévola…

Así mismo, son verdaderas pesadillas, delirios aborrecibles, terribles experiencias los viajes en el tiempo mentales que nos transportan al lugar y momento en que fuimos heridos por los caprichos maquiavélicos de la vida. La mayoría de nosotros somos seres que no reparamos en la educación disciplinada de nuestro propio control mental, del control de nuestros impulsos, del control de nuestras emociones y sentimientos y eso nos lleva a veces, sin querer, a realizar esos viajes en el tiempo donde seremos una y otra vez lastimados, heridos y atormentados…, sin necesidad de la presencia de uno u otro ser…, ¿no es a caso nuestra mente una poderosa arma, una poderosa arma contra nosotros mismos?.

Los suicidas seguramente se ven atormentados por las lecciones que dan estos episódicos saltos hacia el pasado, aunque seguramente también son atormentados por el sobre-pensamiento y la proyección de sus expectativas en el futuro, desde mi punto de vista, son personas tan asombrosamente perceptivas que pueden asimilar como una esponja al liquido lo irritante y patético que puede resultar la vida, son seres atormentados por un Don que jamás solicitaron.

Respecto a los suicidas, ¿quién aprende de ellos?, ¿quién aprende de su visión, de sus percepciones, de sus sentimientos?. La muerte no permite que nos aleccionen en esas materias, algunos con sus escritos póstumos tratan de dar un mensaje pero resultan sumamente complejos de entender para las mentes comunes.

Entonces, ¿dónde esta esa maldita maquina?, quizás en un armatoste rustico y caricaturesco, que a través de un certero golpe que nos origine un trauma podremos lograr inducir la detención de las temibles teletransportaciones, y de todas, y de todo…, definitivamente no se encuentra ahí, ¿quizás en el uso de Drogas?, a algunos “científicos” se les paga para que se nos permita drogarnos, ¿la clave estará en la enajenación de la mente pudiéndonos valer de tanta basura mediática que consumimos a cada rato en nuestras redes sociales?, en el toxico y pantanosos facebook, en el cada vez más ridículo youtube, el perfecto mundo de instagram, o el violento sistema de Twitter… ¿m…?

¿En dónde puedo encontrar el remedio a estos juveniles males que me aquejan?

Confieso que de mis meditaciones nocturnas con mi amiga Soledad no resultan síntesis nada agradables, llegamos a la conclusión delirante de que efectivamente, en la enajenación se encuentra un método viable para detener esos viajes en el tiempo a falta de un control mental proveniente de practicas incomprensibles que tienen que ver con la espiritualidad, la cultivación de la mente a través de la lectura, la catarsis del Alma a través de la escritura o cualquier creación artística, la practica de algún deporte que nos incite pasión y el goce de la compañía de personas tan solitarias como nosotros que comprendan nuestros malestares intrínsecos y que aparezcan de vez en cuando para hacernos saber que en esta realidad psicótica no estamos solos y podemos ser comprendidos…, o acompañados…, o amados.

Revelo pues que es la enajenación, aquello a lo que nos debemos entregar, busquemos en la vida de otros lo que no encontramos en la nuestra, busquemos en los artistas más soeces la proyección de lo que podemos originar desde la calidad de nuestra misma creatividad, refugiémonos en las apariencias y promesas de los presentes cuentos modernos de hadas en donde se demuestra que el que más tiene más vale…, abandonémonos los unos a los otros, encerrémonos en la comodidad del narcisismo, la egolatría y la falsa compañía, aceptemos pues cualquier ser en nuestras vidas sin examen de corazón, mente o alma previo para no errar ejerciendo practicas discriminatorias y enorgullezcámonos de ello para lograr la máxima de todas las cosas, la falsa felicidad, la felicidad en apariencia.

Tomemos todos juntos ese camino y lograremos sonreír vaciamente en las fotos de nuestras selfies, podremos presumir nuestros alimentos a quien un carajo le importa o podremos hacer videos de nuestro interesante día a día, de algún reto en moda o de cualquier tema, quizas de un discurso de esquizofrenia.

Todo esto, hasta que llegue el bendito momento donde se invente la maquina que borra recuerdos, y podamos hacer nuestra existencia más liviana, más llevadera, sin soportar las piedras que nos hacen cargar ciertos recuerdos…, o hasta que llegue el día donde nos podamos apagar de un botón, todo esto para tener el máximo trofeo, aquel donde podremos hacer un “Post” diciendo que somos felices.


El anterior escrito no aplica a… personas enamoradas (por padecer de sus facultades mentales), que construyen, que edifican, que comparten, que se mejoran día a día, que son natural e intrínsecamente benévolas, a aquellas que no hacen un mal con su existencia, a aquellas que dan a otros algo sin esperar nada a cambio. A esas personas, las ultimas estrellas en esta obscura bóveda mi mas cariñoso y calido saludo gracias por su noble labor de inspirar la búsqueda de la felicidad real a través de lo humano.

Soledad…

Por: Ramm Erzengel.

Llegamos a las cinco de la mañana,
me acompañas a mí recamara,
no me dejaste solo en toda la madrugada,
Soledad mi musa amada,
ahora miraremos el alba…

Me tienes ensimismado, no me faltas ni en el trabajo,
ni en el gimnasio, ni a la hora del baño,
te llevo por doquier, como el sol al brillo,
como las cicatrices de mi pecho que me recuerdan su brío…

Dime, en que momento nos hicimos tan íntimos,
Tan amigos y enemigos,
Tan dichosos, tan tristes, tan nosotros mismos.

Como sea, a la hora de la hora lo proyecto…
Y es que de aquí en adelante jamás te suelto.

Águila.

Por: Ramm Erzengel.

Y pasa que no quieres lastimarlo,
y asumes que su dolor será tu responsabilidad,
y haces todo lo posible para evitar
que tu libertad le resulte a su corazón un veneno mortal…

Y comienzas a cortarte las alas, mejor las tuyas que las de él…
y comienzas a romper tu libertad, mejor la tuya a la de él…
y comienzas a morir por dentro, mejor tú que verlo morir a él…

Y te resguardas en una jaula de confort y seguridad
en donde tus alas se hacen pequeñas y se comienzan a atrofiar…

Que triste ver a un Águila que no puede volar.

El Susurro…

Por: Ramm Erzengel.

El susurro nocturno, siempre lleno de infortunio soplaba en mi oído, recordándome con tedio mi deuda con la vida, el corazón y uno que otro sentimiento eterno. Me cobraba quitándome el sueño, dejándome así cansado para el día venidero, quería arrancar todo pétalo a la rosa de mis días a cambio de posponer el adeudo que tenía.

Cedí y le otorgué mis días, quebrándome el corazón y la mente intentando liquidar los intereses, hasta que un momento, carta en mano firmada por un tal “destino”, llego aquello que arranco de mi vida todo lo que tenía, sin lograr saldar aquella deuda mía.

En aquel día robe, de un lugar que no recuerdo, una pistola que escupía libertad, y que por daño colateral quemaba con soledad.

Me dispare en la cien.

Desperté en un lugar frio, nada a mi alrededor, ni corazón en mi pecho… Al fin obtuve todo lo que tanto había querido. Liberarme de ese estúpido susurro que además de cobrar mis deudas me recordaba que existe algo que en posesión sería imposible que tuviera, me libre al fin de ese susurro que tantas veces tu nombre me dijera.

Estarías orgullosa de mí.

Por: Ramm Erzengel.

No me queda la menor duda, estarías orgullosa de mí.

Aprendí a jugar con lo que no se debe, conozco ahora los matices de la libertad y eso que llaman amor; pensé que jamás lo comprendería, pero mírame ahora.

Es verdad, he roto demasiados corazones, pero una gran obra usualmente proyecta algo del artista ¿no?, y si yo estoy roto entonces mi obra será romper…, romper sus esquemas, sus expectativas y sus ilusiones.

Me va bien, no lo niego, de repente olvido ser frio y pienso con sentimentalismo, pero recuerdo que no estoy aquí para cumplir cánones ni aceptar migajas, recuerdo que la peor esclavitud radica en servir a los caprichos de alguien más y vuelvo a mi nueva esencia, fría, muy fría.

Sé que eso te hace feliz, te pone orgullosa de mí porque, primero romper antes que romperme más…, lo sé, pues tú me amas de verdad.

Las mariposas y la Quimera.

Por: Ramm Erzengel.

Mi humilde hogar fue el santuario donde las amaba, mi cuerpo fue su efímero templo, mi corazón y pasión fue el alimento que les brinde, a aquellas, las más hermosas mariposas que atrape. Debo admitir que algunas no las atrape, solas llegaron y usualmente se alojaban en mi costado, cerca de mi costilla izquierda, sin embargo, me doy mérito de haber atrapado a aquellas con las más grandes y coloridas alas, las más hermosas, desde aquellas, grandes o pequeñas, inocentes que apenas habían transmutado de su cuerpo de oruga o aquellas expertas en el arte de la migración.

De las primeras disfrutaba ver como volaban en mi santuario y aprendían de lo que iba la vida encerradas entre las paredes y jaulas de mi alcoba, mariposas ilusas que al abrir las puertas del balcón huían, con el néctar y el polen de mi alma, pero ellas al ver que afuera es más difícil conseguir aquello, volvían por su alimento, de vez en cuando, de vez en cuando.

De las más grandes me gustaba contemplar su vuelo libre, verlas ir y venir escapando por las fisuras de esas paredes, expertas en el escape para ir a mamar a otro sitio su polen, su néctar y consumar momentáneamente su insaciable sed. Que bellas eran y que momentos de alegría y desdicha pase por ellas, mis mariposas, las mariposas, sus mariposas.

En ocasiones afuera, ahí afuera había tormenta, y mis mariposas no llegaban, tampoco salía a cazar y las que tenía dentro de mi alcoba perecían al no encontrar la dispensa de su comida, debo admitir que me encontraba demasiado triste o demasiado sádico como para alimentarlas, pobres.

Destruí su tórax… no me vanaglorió, pero es lo que en ocasiones un cazador como yo hace, si tuviese que comparar el sitio donde clavaba mis alfileres en sus cuerpos para guardarlas en una cajita de madera con tapa de cristal, diría que las atravesaba justo donde una mujer tiene su corazón, ¿las mariposas tienen corazón?, seguramente no.

Llegue incluso, pecaminosamente a comerme una que otra, es lo que un cazador como yo hace, y me di cuenta de que por comérmelas me convertí en cierta medida en una mariposa, y volé con ellas, y bebí néctar y probé el polen, y me escape por las fisuras de otros santuarios y templos, y me sentí libre, y me refugie de la tormenta antes de llegar a un sitio u otro, y también me clavaron alfileres en el tórax y me guardaron en una cajita de madera con tapa de cristal, ¿tendré corazón?, ¿los cazadores como yo tenemos corazón?

Y entérate que nunca renuncie. Fui, soy y seré cazador, me corte las alas de mariposa, regrese a mi estado depredador, me tire las cajas de colección, el néctar se terminó y el polen se acabó (tarde o temprano tenía que suceder), derrumbe aquel su santuario y ahora mi cuerpo no es más su templo, aunque bien de lejos seguro que lo miran con nostalgia y deseo.

No renuncie, nada cambio excepto que ahora aborrezco a las mariposas… me produce una desesperante fatiga el correr tras ellas, por eso deje de perseguirlas, tantas hermosas alas vistas que ya ninguna me maravilla, por dentro y por fuera todas iguales, todas parejas, mamando y mamando néctar, de un lugar a otro, buscando fisuras y emigrando cuando el clima no les sienta a sus delicados cuerpos, a sus frágiles alas. Me canse de esperar bajo la lluvia a ver si alguna cruzaba, me canse de las que voluntariamente se presentaban esperando, entrega, pasión y néctar por arte de magia, mientras yo minaba su alimento de los campos de concentración de mis sentimientos y mi alma.

Su sabor, tan diferente y distinto en antaño ahora me resultaba patéticamente igual. Que pena siento por ellas, aunque a veces finjo quererlas, mis mariposas bellas, sus alas se queman ahora cuando a mí se acercan…

Y así, de un momento a otro me quede sin oficio, sin pasatiempos, hasta que de pronto mirando al cielo observe a lo lejos una Quimera. Serpiente, Leona y Águila. Desde aquel día anhelo cazar a una de esas, no, no a una de esas sino a esa, así que por las noches busco en mis adentros algo que le pudiese seducir para hacerla caer en mi trampa, mientras tanto las mariposas tocan los vitrales de mi balcón y las ignoro, deseo que pronto llegue el invierno y que el frío se encargue de ellas, qué más da, mi anhelo habita en aquella Quimera, y de pronto me encuentro con aquellas ganas de Cazar o ser devorado por ella.

 Pero qué alto, altísimo vuela ella, el sol no la quema, la tormenta no la frena, la libertad es su compañera… joder…

Mi deber, matar a un Ángel y comerme sus alas, solo así podré alcanzarla, es uno de esos planes que un cazador como yo suele tener. Aguarda Quimera aguarda, tarde o temprano seré tuyo o serás mía.