Soledad…

Por: Ramm Erzengel.

Llegamos a las cinco de la mañana,
me acompañas a mí recamara,
no me dejaste solo en toda la madrugada,
Soledad mi musa amada,
ahora miraremos el alba…

Me tienes ensimismado, no me faltas ni en el trabajo,
ni en el gimnasio, ni a la hora del baño,
te llevo por doquier, como el sol al brillo,
como las cicatrices de mi pecho que me recuerdan su brío…

Dime, en que momento nos hicimos tan íntimos,
Tan amigos y enemigos,
Tan dichosos, tan tristes, tan nosotros mismos.

Como sea, a la hora de la hora lo proyecto…
Y es que de aquí en adelante jamás te suelto.

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Puertas.

Por: Mario Alberto Patiño Ramírez.

(A Alejandro Aura.)

Estamos llenos de actos vitales
pero ninguno como abrir la puerta.
Es casi como despertar o nacer…
! Es una esperanza ¡

Nos depara siempre hechos asombrosos.
Entran muchas cosas
de esas que estamos acostumbrados a querer:
la noche parda por ejemplo,
una canción melancólica que suena por ahí
o el mejor amigo.

Las puertas son como piernas femeninas;
en cuanto se abren…
! Ya no puede uno negarse a ellas ¡
Por eso no hay que cerrarlas…
ya se encargara de ello la muerte.


Para quienes tuvimos el placer y la dicha de ser alumnos y amigos del gran maestro Alberto Patiño, recordamos las platicas y anécdotas que contaba, alegremente, y con cierta nostalgia, sobre la amistad entre el y el maestro Alejandro Aura.

Alberto, que bellos sentimientos albergaste en tu corazón. ! Que amistad ¡. Que tus recuerdos y tus palabras no se pierdan ni se apodere de ello el viento.

A mi Gatita.

Por: Ramm Erzengel.

Te amo porque no juzgas, ni criticas…
Porque has estado en las heridas, causadas y recibidas,
Porque tu neutralidad disimula,
lo perfecta que resulta la naturaleza.

Pequeña amiga mía, Te amo.
Cuanto bien me haría aprender de tu silencio,
Cuantas historias, errores y tropiezos
Sabes mis secretos, mis más profundos secretos y no temo a que rompas el silencio.

Pequeña amiga mía, que ama sus sobrecillos de comida,
Los masajes en tu gatuna quijotera,
Seguir luces y perseguir cuerdas
Que perfecta me resulta tu presencia.

Pequeña es tu huella en mi pecho, empero imborrable y valiosa.
Ojalá de mi lado nunca se aleje tu presencia.

Del Alma para mi Dolor.

Advierto que las siguientes líneas que citare no deben ser leídas por ojos alegres, felices o demasiado inocentes. Tampoco deben ser leídas o interpretadas por espíritus alegres, personalidades hedonistas o por aquellos que han gozado del aleatorio placer de sufrir poco en su corta o prolongada existencia.

En este momento cito para los más cansados ojos, los más hastiados y hartos, los que en su momento fueron caudales de lágrimas sin fin, para aquellos a los que su sufrimiento no les ofrece un fin. Cito al tempo de una melodía melancólica y al goce de la compañía de aquello que llaman soledad.


La vida y la muerte no son diferentes.
Siempre hemos existido,
tanto yo, como tú, como esos reyes.
Y existiremos por siempre y para siempre. 

El mundo de los sentidos
nos produce sensaciones de frio y calor, de placer y de dolor.
Todas estas sensaciones vienen y se van, son transitorias.
¡Elévate sobre ellas, Alma Vigorosa!


Lo irreal nunca ha existido; lo real
nunca ha dejado de existir.
El espíritu es indestructible e imperecedero.
El espíritu es inmortal e infinito.
Así pues, ¡participa en la lucha, noble guerrero! 


Tanto el que piensa que el alma mata, como el que cree que puede ser muerta, ambos son ignorantes. Ni puede matar ni puede ser muerta.

El espíritu nunca nace y nunca muere: es eterno. Nunca ha nacido, está más allá del tiempo; del que ha pasado y del que ha de venir. No muere cuando el cuerpo muere.


Ningún arma puede herir al Espíritu, ni el fuego puede quemarlo, ni el agua puede mojarlo, ni el viento puede arrastrarlo.

El espíritu está más allá del cambio y del pensamiento; los ojos mortales no pueden verlo.


Ciertamente, todo lo que tiene un principio ha de tener un fin. La muerte es el final seguro para quien ha nacido. Pero es igualmente seguro que quien ha muerto ha de renacer. Así pues, no deberías afligirte por lo inevitable.

Reponte, pues, de tu tristeza. Por esto, piensa en tu deber y no dudes. No hay mayor honor para un guerrero que participar en una lucha por el restablecimiento de la virtud. Hay una batalla que ganar antes de que nos sean abiertas las puertas del cielo.


Si mueres, obtendrás gloria en el cielo. Y si sales victorioso, obtendrás tu gloria en la Tierra. Así pues, ¡levántate (…), con tu animo listo para la lucha.!

Permanece en paz, tanto en el placer como en el dolor; en la victoria, tanto como en la derrota; tanto si ganas como si pierdes. Prepárate para la guerra con tu alma tranquila; Si estas en paz, no hay pecado.


Extractos de: Bhagavad-gita. /La canción del Bendito. / Antigua literatura Hindú.

Y así hablo un Dios a un Guerrero; ¿Qué te transmitió?, acaso, así como los muertos son sentenciados al intransmutable descanso, nosotros, quienes nos quedamos, ¿no estamos sentenciados librar esa batalla?. La vida es bastante curiosa y en ocasiones resulta cínica, pero, gloriosa sea para el que sea Guerrero.