El Susurro…

Por: Ramm Erzengel.

El susurro nocturno, siempre lleno de infortunio soplaba en mi oído, recordándome con tedio mi deuda con la vida, el corazón y uno que otro sentimiento eterno. Me cobraba quitándome el sueño, dejándome así cansado para el día venidero, quería arrancar todo pétalo a la rosa de mis días a cambio de posponer el adeudo que tenía.

Cedí y le otorgué mis días, quebrándome el corazón y la mente intentando liquidar los intereses, hasta que un momento, carta en mano firmada por un tal “destino”, llego aquello que arranco de mi vida todo lo que tenía, sin lograr saldar aquella deuda mía.

En aquel día robe, de un lugar que no recuerdo, una pistola que escupía libertad, y que por daño colateral quemaba con soledad.

Me dispare en la cien.

Desperté en un lugar frio, nada a mi alrededor, ni corazón en mi pecho… Al fin obtuve todo lo que tanto había querido. Liberarme de ese estúpido susurro que además de cobrar mis deudas me recordaba que existe algo que en posesión sería imposible que tuviera, me libre al fin de ese susurro que tantas veces tu nombre me dijera.

Las mariposas y la Quimera.

Por: Ramm Erzengel.

Mi humilde hogar fue el santuario donde las amaba, mi cuerpo fue su efímero templo, mi corazón y pasión fue el alimento que les brinde, a aquellas, las más hermosas mariposas que atrape. Debo admitir que algunas no las atrape, solas llegaron y usualmente se alojaban en mi costado, cerca de mi costilla izquierda, sin embargo, me doy mérito de haber atrapado a aquellas con las más grandes y coloridas alas, las más hermosas, desde aquellas, grandes o pequeñas, inocentes que apenas habían transmutado de su cuerpo de oruga o aquellas expertas en el arte de la migración.

De las primeras disfrutaba ver como volaban en mi santuario y aprendían de lo que iba la vida encerradas entre las paredes y jaulas de mi alcoba, mariposas ilusas que al abrir las puertas del balcón huían, con el néctar y el polen de mi alma, pero ellas al ver que afuera es más difícil conseguir aquello, volvían por su alimento, de vez en cuando, de vez en cuando.

De las más grandes me gustaba contemplar su vuelo libre, verlas ir y venir escapando por las fisuras de esas paredes, expertas en el escape para ir a mamar a otro sitio su polen, su néctar y consumar momentáneamente su insaciable sed. Que bellas eran y que momentos de alegría y desdicha pase por ellas, mis mariposas, las mariposas, sus mariposas.

En ocasiones afuera, ahí afuera había tormenta, y mis mariposas no llegaban, tampoco salía a cazar y las que tenía dentro de mi alcoba perecían al no encontrar la dispensa de su comida, debo admitir que me encontraba demasiado triste o demasiado sádico como para alimentarlas, pobres.

Destruí su tórax… no me vanaglorió, pero es lo que en ocasiones un cazador como yo hace, si tuviese que comparar el sitio donde clavaba mis alfileres en sus cuerpos para guardarlas en una cajita de madera con tapa de cristal, diría que las atravesaba justo donde una mujer tiene su corazón, ¿las mariposas tienen corazón?, seguramente no.

Llegue incluso, pecaminosamente a comerme una que otra, es lo que un cazador como yo hace, y me di cuenta de que por comérmelas me convertí en cierta medida en una mariposa, y volé con ellas, y bebí néctar y probé el polen, y me escape por las fisuras de otros santuarios y templos, y me sentí libre, y me refugie de la tormenta antes de llegar a un sitio u otro, y también me clavaron alfileres en el tórax y me guardaron en una cajita de madera con tapa de cristal, ¿tendré corazón?, ¿los cazadores como yo tenemos corazón?

Y entérate que nunca renuncie. Fui, soy y seré cazador, me corte las alas de mariposa, regrese a mi estado depredador, me tire las cajas de colección, el néctar se terminó y el polen se acabó (tarde o temprano tenía que suceder), derrumbe aquel su santuario y ahora mi cuerpo no es más su templo, aunque bien de lejos seguro que lo miran con nostalgia y deseo.

No renuncie, nada cambio excepto que ahora aborrezco a las mariposas… me produce una desesperante fatiga el correr tras ellas, por eso deje de perseguirlas, tantas hermosas alas vistas que ya ninguna me maravilla, por dentro y por fuera todas iguales, todas parejas, mamando y mamando néctar, de un lugar a otro, buscando fisuras y emigrando cuando el clima no les sienta a sus delicados cuerpos, a sus frágiles alas. Me canse de esperar bajo la lluvia a ver si alguna cruzaba, me canse de las que voluntariamente se presentaban esperando, entrega, pasión y néctar por arte de magia, mientras yo minaba su alimento de los campos de concentración de mis sentimientos y mi alma.

Su sabor, tan diferente y distinto en antaño ahora me resultaba patéticamente igual. Que pena siento por ellas, aunque a veces finjo quererlas, mis mariposas bellas, sus alas se queman ahora cuando a mí se acercan…

Y así, de un momento a otro me quede sin oficio, sin pasatiempos, hasta que de pronto mirando al cielo observe a lo lejos una Quimera. Serpiente, Leona y Águila. Desde aquel día anhelo cazar a una de esas, no, no a una de esas sino a esa, así que por las noches busco en mis adentros algo que le pudiese seducir para hacerla caer en mi trampa, mientras tanto las mariposas tocan los vitrales de mi balcón y las ignoro, deseo que pronto llegue el invierno y que el frío se encargue de ellas, qué más da, mi anhelo habita en aquella Quimera, y de pronto me encuentro con aquellas ganas de Cazar o ser devorado por ella.

 Pero qué alto, altísimo vuela ella, el sol no la quema, la tormenta no la frena, la libertad es su compañera… joder…

Mi deber, matar a un Ángel y comerme sus alas, solo así podré alcanzarla, es uno de esos planes que un cazador como yo suele tener. Aguarda Quimera aguarda, tarde o temprano seré tuyo o serás mía.

La puerta.

Por: Ramm Erzengel.

Hola. Déjame abrir la puerta,
me parece que tengo la llave correcta,
quiero crear una historia
entre tu amor y mi locura.

Lo sé, todo termina,
al final será melancolía,
pero vale la pena arriesgarse sin medida,
con tal de ser el creador de tus sonrisas.

Por favor, déjame abrir aquella puerta,
seguro será la ultima vez que a esto me atreva,
quiero que la cruz en mi corazón sea grabada con tu letra,
pues el final tarde o temprano llega.

La puerta a tu vida.

Nostalgia.

Por: Ramm Erzengel.

Abrir una canción,
abrir el corazón,
sentarme frente al ordenador,
y recibir el dictado del dolor.

Soltar la mano,
soltar las lágrimas,
viajar en el tiempo
al lugar de los hechos.

Y ahí en la lejanía,
dejar salir la nostalgia mía,
atraparla entre párrafos y versos
para evitar que me devore por dentro.

Recordarte, recordarlas,
reavivar las llamas
que queman el alma, y escribir,
lo que yo en plena vigilia de decir me he de prohibir.

Escribir con pasión,
con ternura, dolor, pena y amor
pues como diría aquella canción,
donde duele inspira.

Vaya cruz la nostalgia mía…

No fui un regalo.

Por: Judas.

Te prestaba mi sonrisa para iluminar tus más oscuras pasiones.
Te prestaba la luz de mis ojos para alumbrar tu camino.
Te prestaba mi cuerpo para que descansaras del mundo que te agobiaba.
Te prestaba mis labios para sanar las heridas que un antiguo amor dejó.
Te prestaba mis oídos para que los usaras como bote de basura ante las críticas de los demás para tu persona.

Querido, solo fue un préstamo, todo eso sigue siendo mío.
Nada te pertenece, por eso nada te llevaste.
Todo sigue siendo de quién lo ha creado, lo cuida y lo valora.
¿!Y qué crees¡?
AQUÍ LA DUEÑA SOY YO.

El primer beso.

Por: Ramm Erzengel.

Tu mirada te ha delatado,
las intenciones al alma no se pueden ocultar,
todo es visible cuando sonríes y muestras tu claridad.
El romance, al alma, no se le puede ocultar.

Mi mirada me ha delatado,
deseo el roce de tus manos,
deseo aquellos, tus carnosos labios,
deseo las grietas que anteriores historias han dejado,
déjame besarlas y borrar el pasado.

¿Recordarás nuestro primer paso?,
¿recordarás como acechaba el horizonte de tus labios?,
¿recordarás como conquiste la comisura de tus labios?,
¿recordarás la coqueta sonrisa antes del momento dado?.

O será como una marca en la arena, de esas que el mar se lleva…
O seré al final, solo una de aquellas grietas que sabían a carmín…
O seremos una de esas historias que no tendrán un final feliz.

Podrá mi memoria recordarme ese primer beso,
para que así, me asegure de no perder el toque del primero.
¿Podrá mi corazón permitirme arrancarle otro pedazo, aunque sea uno pequeño?.

Ojalá que así sea…
pues me gustaría guardarlo debajo de la línea que dibujan tus senos,
lo siguiente que yo de ti anhelo.

Puertas.

Por: Mario Alberto Patiño Ramírez.

(A Alejandro Aura.)

Estamos llenos de actos vitales
pero ninguno como abrir la puerta.
Es casi como despertar o nacer…
! Es una esperanza ¡

Nos depara siempre hechos asombrosos.
Entran muchas cosas
de esas que estamos acostumbrados a querer:
la noche parda por ejemplo,
una canción melancólica que suena por ahí
o el mejor amigo.

Las puertas son como piernas femeninas;
en cuanto se abren…
! Ya no puede uno negarse a ellas ¡
Por eso no hay que cerrarlas…
ya se encargara de ello la muerte.


Para quienes tuvimos el placer y la dicha de ser alumnos y amigos del gran maestro Alberto Patiño, recordamos las platicas y anécdotas que contaba, alegremente, y con cierta nostalgia, sobre la amistad entre el y el maestro Alejandro Aura.

Alberto, que bellos sentimientos albergaste en tu corazón. ! Que amistad ¡. Que tus recuerdos y tus palabras no se pierdan ni se apodere de ello el viento.