Ridiculum.

Por: Ramm Erzengel.

Caminando hacia el Templo del cuerpo,
me encontré con un peculiar sujeto,
Vestía con Casulla, portaba raros objetos,
y la expresión de su rostro parecía guardar algunos secretos.

Algunos le llaman cura, asisten con el a solicitar consulta,
dicen que esos devotos hombres curan,
el alma y los males inherentes que le abruman.

Algunos les llaman hipócritas,
dicen que sus palabras no median conciliación
entre los infortunios y los dictámenes de Dios…

Ignorando las voces aquellas,
de detractores y profetas
me acerque a solicitar consulta,
mi petición solo requería una poco cordura

Mi duda, “padre”, ¿por qué Dios mi alma tortura,
es que soy mal hijo o sólo de ello disfruta?
El sujeto me observo, de abajo a arriba miro y pronuncio
“Malum quidem nullum esse sine aliquo bono”

Después de ello sonrió, con su mano, peculiar gesto mostró,
enfrente de mi una cruz marco, y de nuevo pronuncio
“Faber est suae quisque fortunae”

Pronto su marcha marco distancia,
entre mi alma y el templo que idolatra,
empujo las grandes puertas del recinto y las cerro,
en ese momento me convertí en Detractor.

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