A mi Amor…

Por: Ramm Erzengel.

Estos días me he perdido a mi mismo, luchando contra el Demonio que dejó aquella última batalla que perdí, y es que resulta imposible ganar a la muerte, al destino común y a los caprichos amargos de la vida. Me entregue a la enajenación de cualquier cosa absurda, a ratos me entregue a la música, a vagos pensamientos y recuerdos, a mis juegos tontos, a mis brutales entrenamientos… y por momentos lograba salir de la obscuridad, lograba sonreír, lograba recordarte sin lágrimas en los ojos, lograba meter aire en mis pulmones sin reproche alguno, sin embargo, ese Demonio suele ganar las batallas nocturnas, es versado y hábil para traerme los más crudos recuerdos, las más cálidas añoranzas y las ideas más delirantes y psicóticas que de existir hay.

Los expertos dicen que estoy en una cruda batalla contra algo llamado “Depresión”, pero yo no le veo forma de “depresión” a ese Demonio con cuernos, dientes afilados y ojos rojos, más obscuro que las tinieblas más absolutas… ¿Así se ve la depresión?

Dicen que mis ideas de aceptación a la muerte son reprochables y que debo evitar a toda costa pensar en cubrirme con su piadoso y frio manto en los momentos donde ese Demonio arazá mi ser y a mi amiga soledad.

Hablo ahora de Soledad como una cara amiga mía, y es que he conseguido hacerme de una amistad en donde menos lo pensé… sabes, ella en el silencio me escucha, en las noches me abraza con frialdad, en las mañanas me acompaña a ver el sol salir… aunque le grite con todas mis fuerzas soporta en silencio y con paciencia, incluso me ha enseñado a sonreír como ella lo hace; su sonrisa es perfecta pero vacía.

Te escribo, amor, en este ordenador y no en papel como solía hacerlo cuando vivías, con la franca verdad de la incertidumbre respecto a la victoria de esta tremenda guerra, me veo rebasado, me veo en tinieblas, me veo atravesado por los colmillos de esa maldita bestia… irónico, yo solía ser una bestia…

Te escribo amor mío sin certeza, pero con el recuerdo vivo de aquella promesa, esa donde jamás me permitirá claudicar, esa donde te prometí jamás parar hasta lograr *********, y es lo que hago, día a día, de sol a luna, de recuerdo en recuerdo, de trago en trago lleno de melancolía, amor mío, ¿aún crees en mí?

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