Soledad…

Por: Ramm Erzengel.

Llegamos a las cinco de la mañana,
me acompañas a mí recamara,
no me dejaste solo en toda la madrugada,
Soledad mi musa amada,
ahora miraremos el alba…

Me tienes ensimismado, no me faltas ni en el trabajo,
ni en el gimnasio, ni a la hora del baño,
te llevo por doquier, como el sol al brillo,
como las cicatrices de mi pecho que me recuerdan su brío…

Dime, en que momento nos hicimos tan íntimos,
Tan amigos y enemigos,
Tan dichosos, tan tristes, tan nosotros mismos.

Como sea, a la hora de la hora lo proyecto…
Y es que de aquí en adelante jamás te suelto.

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