En aquel momento…

Por: Ramm Erzengel.

Desde el día que te perdí,
libre una batalla en la que me rendí,
me entregué a la vagancia o a cualquier causa que alejara mi pensamiento de ti,
no quería recordarte ni pensarte pues dolía no tenerte más aquí.

La muerte hizo acto de presencia,
no hay vuelta de página pues llego el final de nuestra novela,
cada recuerdo pesa,
cargo una cruz con tu nombre grabado en ella.

La bestia hizo acto de presencia,
arranco mi piel y alejo mis manos de la caricia que solía posar sobre tus mejillas y ojeras,tus ojos cantaban diez mil historias y entre ellas,
un final que me tomo por sorpresa dejándome con el alma muerta.

Quizás exagero, puede que solo me haya dejado hecho trizas,
pues de alguna forma u otra, continuo,
tratando de cumplir las promesas que soñamos en nuestro imperfecto mundo.

Me escondí debajo de las piedras,
en madrigueras,
el Tigre se convirtió en comadreja después de la batalla aquella,
en el momento en que perdí mi cordura y ocupo su lugar una profunda tristeza, me volví
ratón, cobarde y brindé asilo en mi corazón a toda esa mierda.

Recurrí a falsos abrazos, falsas promesas y a uno que otro amor cualquiera,
para no caer al suelo me aferre a cada una de las estrellas que quedaban en mi estúpida bóveda, me alimente del amor propio que me hiciste descubrir y lo comí como si fuese pan caliente que tú preparaste para mí.

Trataba de hacerme más fuerte para ti…

A veces me pregunto si tú sabias lo que sucedería aquí,
justo donde me dejaste y a veces pienso que para este suceso me preparaste, escondías profundos secretos bajo tu sonrisa y tu mirada,
quizás la sabiduría de tu ser no dejo que adivinara tu partida,
para no rendirme antes de la batalla de aquel día.

Si fuese así, que cabrona, que cabrona…
Si no fue así, que casualidad, que casualidad…

Como sea, sabes… He pasado mucho tiempo así… Es momento de que salga de esta maldita madriguera, te confirmo que logre confeccionar una armadura para mi pelea, es de barro, papel y cartón, espero ese día no llueva, ya me escondí demasiado en la nostalgia y entre sus piernas,comienzo a tenerle cierto asco a esa ramera.

Es momento de mi redención, Ángel no me olvides, no me pierdas de vista, pues si logro vencer ofreceré un gran espectáculo, digno deleite para tu vista, más si por el contrario,
me toca perder ante aquel demonio, no me pierdas de vista,
no quisiera extraviarme en el camino que a ti me dirija.

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